FATIGA CRÓNICA

Alguna vez te has sentido que no das más? que andas muy cansado(a)? que arrastras un cansancio que no se mejora dia tras dia? puedes estar viviendo un episodio de fatiga crónica. Vamos a revisar la fatiga crónica desde sus 2 principales puntos: El punto de vista metabólico y bioquimico y el punto de vista mental o psicológico.


FATIGA CRÓNICA – FACTOR METABOLICO Y BIOQUIMICO

FATIGA CRÓNICA

Desde el punto de vista metabólico y bioquímico, la fatiga crónica permanente puede estar influida por una serie de factores interrelacionados que afectan la producción de energía, el equilibrio hormonal, la función mitocondrial y el estado inflamatorio del cuerpo.

La fatiga crónica permanente no es solo un síntoma psicológico o de sedentarismo. Tiene raíces profundas en la disfunción celular, inmunológica y hormonal, que impiden al cuerpo generar y utilizar energía eficientemente.

Este es un desglose detallado de los principales factores:

1. Disfunción mitocondrial

Las mitocondrias son los orgánulos responsables de producir energía (ATP) a través de la fosforilación oxidativa. En personas con fatiga crónica:

  • Hay una reducción en la eficiencia de producción de ATP.
  • Se produce más ácido láctico incluso con esfuerzos mínimos, lo que sugiere una alteración en la vía aeróbica.
  • Aumenta el estrés oxidativo y los radicales libres dañan la función mitocondrial.

Estudios han demostrado que pacientes con Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) tienen menor capacidad mitocondrial en células mononucleares de sangre periférica.

2. Desequilibrios neuroendocrinos

Los ejes HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal) suelen estar alterados:

  • Disminución de cortisol basal, lo que afecta la respuesta al estrés y el metabolismo energético.
  • Alteración de melatonina y serotonina, afectando el sueño reparador y el estado de ánimo.
  • Niveles bajos de dopamina y otros neurotransmisores energizantes.

Esto genera una sensación constante de agotamiento, incluso después de dormir.

3. Inflamación crónica de bajo grado

  • Se ha observado un aumento de citocinas proinflamatorias como IL-6, TNF-α, y PCR ultrasensible.
  • La inflamación mantenida puede afectar directamente al sistema nervioso central y a la percepción de energía.

Esto sugiere que el cuerpo está en un estado de activación inmune constante, como si luchara contra una infección invisible.

4. Alteraciones en el metabolismo energético

  • Resistencia a la insulina o hipoglucemia reactiva pueden impedir que la glucosa entre eficientemente a las células.
  • Disminución en el metabolismo de los ácidos grasos, lo que impide una adecuada beta-oxidación.
  • Disfunción en el ciclo de Krebs o deficiencia de cofactores como B1, B2, B3, CoQ10, magnesio o L-carnitina.

El resultado: las células no producen suficiente energía, incluso con nutrientes disponibles.

5. Infecciones persistentes o activación viral

  • Virus como Epstein-Barr (EBV), citomegalovirus, o incluso algunos enterovirus pueden quedar latentes o crónicamente activos.
  • Estas infecciones pueden alterar el sistema inmune, provocar inflamación sistémica y agotar los recursos metabólicos.

6. Estrés oxidativo y nitrosativo

  • Exceso de especies reactivas de oxígeno (ROS) o de nitrógeno (RNS) que dañan proteínas, lípidos y ADN mitocondrial.
  • Esto impide la regeneración celular, interfiere con la señalización hormonal y empeora la función energética.

7. Disfunción autonómica

  • El sistema nervioso autónomo regula funciones involuntarias como la presión arterial y el ritmo cardíaco.
  • Muchos pacientes presentan síntomas de disautonomía como hipotensión ortostática, taquicardia postural (POTS), etc.

Esta disfunción conlleva una sensación de colapso energético al cambiar de posición o realizar esfuerzos mínimos.

8. Deficiencias nutricionales clave

Especialmente de:

  • Vitaminas del grupo B, magnesio, zinc, vitamina D y ácidos grasos esenciales.
  • Deficiencia de aminoácidos esenciales (como tirosina, triptófano o glutamina), que participan en la síntesis de neurotransmisores y hormonas.

FATIGA CRÓNICA – DIAGNOSTICO Y ESTRATEGIAS

FATIGA CRÓNICA

Un Profesional de la salud (Endocrino, Nutricionista, Médico general, etc) podrá canalizar el mejor camino para diagnosticar de manera más precisa las causas de tu fatiga crónica y como diagnosticarla de manera efectiva para así, determinar las estrategias indicadas para el caso. La fatiga crónica no es solo un problema psicológico o de “flojera”: es una condición multisistémica, donde mitocondrias, sistema inmune, ejes hormonales y nutrientes están desbalanceados. El enfoque debe ser personalizado y gradual, con cambios en hábitos, suplementación y, si es necesario, tratamiento médico funcional. Vamos a profundizar en cómo diagnosticar estos desequilibrios y luego veremos estrategias clínicas y nutricionales que pueden ayudar a mejorar la fatiga crónica desde un enfoque integral, metabólico y funcional.

Diagnóstico Funcional de la Fatiga Crónica

Aunque muchas pruebas tradicionales (como una analítica básica) pueden salir normales, hay biomarcadores y enfoques específicos que ayudan a detectar lo que está fallando “bajo la superficie”:

1. Función mitocondrial

  • Pruebas indirectas:
    • Lactato en reposo o tras ejercicio leve → niveles elevados sugieren metabolismo anaeróbico alterado.
    • CoQ10 plasmático.
    • Carnitina libre y acilcarnitinas → muestra la capacidad para transportar ácidos grasos a las mitocondrias.
  • Pruebas más avanzadas (laboratorios especializados):
    • Perfil orgánico urinario (OAT).
    • MitoSwab o perfil mitocondrial.

2. Estrés oxidativo / nitrosativo

  • Malondialdehído (MDA), 8-OHdG, glutatión reducido (GSH).
  • Actividad de enzimas antioxidantes: SOD, catalasa, GPx.
  • Relación óxido nítrico / peroxinitrito.

3. Eje HHA (Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal)

  • Cortisol salival en 4 tomas (test de ritmo diurno).
  • ACTH, DHEA-S, test de supresión con dexametasona si se sospecha alteración severa del eje.

4. Estado inflamatorio crónico

  • PCR ultrasensible (hs-CRP).
  • IL-6, TNF-α, IL-1β (en laboratorios especializados).
  • Serologías virales para EBV, CMV, HHV-6, etc.

5. Perfil de micronutrientes

  • Vitaminas del complejo B, especialmente B1, B2, B3, B6 y B12.
  • Magnesio eritrocitario (más preciso que el magnesio sérico).
  • Zinc, selenio, vitamina D, hierro (ferritina + hierro sérico + transferrina).
  • Aminoácidos plasmáticos.

Estrategias para Recuperar Energía desde lo Metabólico

FATIGA CRÓNICA

1. Soporte mitocondrial

  • Coenzima Q10 (100–200 mg/día): mejora la fosforilación oxidativa.
  • L-Carnitina (500–2000 mg/día): mejora el transporte de ácidos grasos a las mitocondrias.
  • Ácido alfa lipoico (200–600 mg/día): potente antioxidante y regenerador mitocondrial.
  • Magnesio malato o glicinato: cofactor en la producción de ATP.

2. Modulación del eje HHA

  • Adaptógenos:
    • Ashwagandha, Rhodiola, Eleuterococo → regulan cortisol y energía.
  • Melatonina (0.3–1.5 mg) si hay insomnio reparador deficiente.
  • Practicar respiración diafragmática y exposición solar matutina para sincronizar ritmos circadianos.

3. Reducción de inflamación crónica

  • Omega 3 EPA/DHA (2–4 g/día): antiinflamatorio potente.
  • Curcumina liposomal, resveratrol o extracto de romero.
  • Dieta antiinflamatoria: rica en vegetales, frutas, grasas buenas, baja en ultraprocesados y azúcares.

4. Nutrición funcional

  • Dieta rica en micronutrientes y fitonutrientes, baja en alérgenos comunes.
  • Ciclos de eliminación-reintroducción si se sospechan sensibilidades alimentarias (gluten, lácteos, etc).
  • Incluir alimentos fermentados o probióticos específicos para regular el eje intestino-cerebro.

5. Otros enfoques avanzados

  • Suplementación intravenosa (como suero con magnesio, vitamina C, complejo B) en casos severos.
  • Terapias de luz roja (red light therapy) para estimular mitocondrias.
  • Terapias de oxigenación hiperbárica en algunos casos graves.

FATIGA CRÓNICA – FACTOR MENTAL O PSICOLÓGICO

FATIGA CRÓNICA

La mente influye profundamente en la fatiga crónica, no solo como una consecuencia del cansancio físico, sino como parte activa de su mantenimiento y agravamiento. Romper el ciclo requiere más que dormir bien o tomar suplementos. Hace falta entrenar al cerebro para salir del modo de alerta constante, recuperar la confianza en el propio cuerpo y reconstruir una relación más amable con el esfuerzo y el descanso.

¿Cómo influye la mente en la fatiga crónica?

La fatiga crónica es mucho más que estar cansado. Es un agotamiento profundo, persistente y muchas veces incomprendido, que no desaparece con descanso y que puede durar meses o incluso años. Aunque muchas veces se busca su origen en lo físico, lo cierto es que la mente juega un papel mucho más determinante de lo que solemos imaginar.

El cerebro en modo “alerta roja”

Uno de los factores clave en la fatiga crónica es el funcionamiento del sistema nervioso. Cuando el estrés mental se vuelve constante, el cuerpo entra en un estado de activación continua. El sistema simpático, que es el encargado de prepararnos para la acción (el famoso “modo lucha o huida”), se mantiene encendido por demasiado tiempo.

Esto provoca una liberación continua de hormonas como el cortisol o la adrenalina, que en lugar de darnos más energía, terminan por agotarnos. Es como si el cerebro estuviera apretando el acelerador sin parar, hasta quemar el motor.

Pensamientos que agotan

Muchas personas con fatiga crónica sufren también de pensamientos repetitivos, autoexigencia extrema, preocupación por su rendimiento o por no poder cumplir con las expectativas. Esta sobrecarga mental impide el descanso real, incluso cuando el cuerpo está en reposo.

«El cansancio de la mente no se repara durmiendo, sino callándola.»

La ansiedad y el estrés psicológico son como una segunda capa de fatiga que se suma a la física, generando un círculo difícil de romper.

La conexión con la depresión

La relación entre fatiga crónica y depresión es muy estrecha. Por un lado, sentirse permanentemente cansado puede llevar a la pérdida de motivación, frustración e incluso desesperanza. Por otro lado, los síntomas depresivos pueden amplificar el cansancio físico, creando un ciclo en el que uno alimenta al otro.

El cuerpo como enemigo

Con el tiempo, muchas personas desarrollan una desconexión con su propio cuerpo. Ya no confían en su energía ni en su capacidad para recuperarse. Aparece el miedo al esfuerzo, la sensación de que cualquier actividad puede empeorar los síntomas, y eso termina reduciendo aún más la tolerancia física y emocional.

El peso de lo que creemos

Las creencias también importan. Si alguien se convence de que está “roto” o que ya no puede funcionar como antes, el cuerpo responde en consecuencia. Esto se conoce como efecto nocebo: cuando nuestras propias expectativas negativas generan síntomas reales. En el caso de la fatiga crónica, este efecto puede ser devastador.


ESTRATEGIAS PARA MEJORAR LA FATIGA CRÓNICA DESDE EL PUNTO DE VISTA MENTAL

FATIGA CRÓNICA

Cuando la fatiga crónica está profundamente ligada a factores mentales o psicológicos, no basta con descansar más o comer mejor (aunque eso ayuda). Se necesita un enfoque integral que reconozca la raíz emocional, cognitiva y neurológica del problema.

Estas pueden ser estrategias y recomendaciones clave para abordarla desde lo mental y psicológico:

1. Terapia psicológica (con enfoque en cuerpo y mente)

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): Ayuda a identificar y modificar patrones de pensamiento que alimentan el agotamiento (como la autoexigencia o el “todo o nada”).
  • Terapias de regulación emocional o somáticas: Como la terapia somática, EMDR, o mindfulness basado en compasión. Estas ayudan a “calmar el sistema nervioso” y procesar traumas o estrés acumulado.

La mente puede estar agotando al cuerpo sin que te des cuenta. La terapia puede ayudarte a reconectarlos de forma saludable.

2. Mindfulness y meditación

  • No es solo sentarse a respirar: es entrenar al cerebro para salir del estado de alerta.
  • La práctica diaria, incluso de 5 a 10 minutos, puede reducir la hiperactividad del sistema simpático y aumentar la claridad mental.

Sugerencia: Meditaciones guiadas centradas en la aceptación corporal y el descanso profundo.

3. Replantear creencias limitantes sobre tu energía

Muchas personas con fatiga crónica desarrollan la idea de que están “rotas”, “débilmente constituidas” o que “nunca volverán a estar bien”. Estas creencias refuerzan el ciclo de agotamiento.

Estrategia:

  • Llevar un diario donde escribas pequeñas victorias de energía cada día (aunque sea: “hoy pude salir a caminar 10 minutos sin sentirme tan mal”).
  • Practicar el diálogo interno positivo y compasivo.

4. Reducción del estrés a nivel nervioso (no solo emocional)

No basta con “evitar el estrés”. Hay que reentrenar al sistema nervioso para volver al equilibrio.

Técnicas útiles:

  • Respiración diafragmática (4-7-8 o box breathing).
  • Inmersiones breves en agua fría (si es tolerable).
  • Ejercicios suaves como yoga restaurativo o tai chi.
  • Escuchar música con frecuencias relajantes o sonidos binaurales.

5. Dormir mejor (aunque no tengas insomnio)

En la fatiga crónica, el sueño suele ser superficial o no reparador. No se trata solo de cuántas horas duermes, sino de la calidad del sueño.

Tips:

  • Evitar pantallas 90 minutos antes de dormir.
  • Crear una rutina nocturna relajante (baño tibio, luces cálidas, lectura tranquila).
  • Consultar sobre suplementos naturales como magnesio glicinato, L-teanina o melatonina (siempre con supervisión profesional).

6. Movimiento sin presión

El ejercicio intenso puede empeorar la fatiga. Pero el movimiento suave y constante ayuda al cerebro a reconectar con el cuerpo sin miedo.

Ejemplos: caminatas lentas al aire libre, estiramientos conscientes, movilidad articular suave.

No es entrenar. Es enseñarle al cuerpo que moverse no es una amenaza.

7. Conexión social y apoyo emocional

El aislamiento empeora la fatiga mental. Hablar con alguien de confianza, un terapeuta o una comunidad con experiencias similares puede aliviar enormemente la carga emocional.

8. Aceptar que sanar es un proceso, no una línea recta

Habrá días mejores y otros peores. Pero cada paso que des hacia el autocuidado mental también le habla al cuerpo: “estás a salvo, puedes recuperar energía”.

Con lo acelerado que van nuestras vidas hoy, es muy común ver personas con fatiga crónica, si alguna vez tienes alguno de estos sintomas que hemos descrito arriba y sospechas que tu cansancio se identifica con ellos, es recomendable que visites un profesional que pueda acompañarte en el proceso de recuperación de una forma asertiva y personalizada. No te preocupes, esto tiene solución, no es eterno, solo hay que disponer el tiempo para ello. Mucho ánimo!

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Entrenador Personal Barcelona

Acerca del autor:

ROPEC: Registro Oficial de Profesionales de Cataluña: 042735 Ver Perfil

EREPS: Registro Europeo de profesionales del deporte. Miembro 71120

CIMSPA: the professional development body for the UK’s sport and physical activity sector. Member C031264


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